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Nos van a poner moraos

Antes de que comenzaran los carnavales "de verdad" en Benalup-Casas Viejas dos o tres de los carnavaleros antiguos me dijeron que este año el pelotazo era la chirigota de los niños, que era muy buena, que la había sacado otro (esto de los barbateños en Casas Viejas habrá que estudiarlo algún día) “barbatero”; Alonso Ortega Muñoz.
Se lo comenté a algún amigo mío y me dijo que era normal que esas cosas las dijera esa gente cuando sus nietos o hijos iban en la agrupación. La verdad es que tenía expectación por esta agrupación. Los he escuchado seis veces, he investigado y me he releído el libreto y tengo mi veredicto sobre el grupo; tenían razón los viejos carnavaleros; son buenísimos y para mí son la mejor sorpresa del carnaval de este año. 



Es verdad que todo lo que escribo sobre carnaval de B-CV lo hago desde el punto de vista positivo porque mi intención no es otro que apoyarlo y reconocerle sus méritos, su esfuerzos y la necesidad de pervivencia ante una atmósfera tan hostil. Pero esta afirmación que he hecho, como los platos de Arguiñano, tiene fundamento, concretamente tres; los componentes, el repertorio y el resultado final. 



Efectivamente como decía mi amigo crítico los que salen en la chirigota Nos van a poner moraos son hijos y nietos de carnavaleros. Apellidos como Barberán, Gallardo, Vera, Casas, Sánchez, Delgado… llevan muchos carnavales a sus espaldas. Lo dicen en uno de los pasodobles “Mi padre… el que siempre intento/inculcarme el amor/el que siente por su fiesta/ y por este compás”. Representan el carnaval de pueblo, representan el ADN de esta localidad, la mezcla característica gente de Casas Viejas, Medina, Barbate… otros países. Pero además se mezclan niños con niñas, del Tajo de las Figuras, del Padre Muriel, del IES Casas Viejas… mescolanza, ida y vuelta, carretera y manta, atrevimiento, pueblo, pueblo. 


El segundo fundamento es el repertorio. Alonso Ortega Muñoz es un barbaterño con más de treinta años de trayectoria en el carnaval de ese pueblo, que el año pasado fue pregonero de él. Y la verdad que se nota. El estribillo, la presentación y el repertorio, como mandan los cánones, versan sobre el tipo. En este caso de boxeador. Le pregunté que porque había elegido ese tipo y me dijo que se trataba de buscar algo sencillo, que se le pudiera sacar partido y que los niños disfrutaran. Y es verdad que se lo saca. Los presenta como niños divertidos, graciosos, que no les gusta esforzarse, que no obtienen buenas notas, que son traviesos, que están dando la lata en el sofá o con el móvil… Los cuplets son de temática general. Hay dos sobre la adicción al móvil, otro sobre el interés de su supuesto padre por un yerno con dinero, otro irónico sobre que los que ponen los regalos no son ni los reyes, ni los ratones… sino los padres o sobre la sobreexplotación de tareas a las que sometemos a los hijos. Pero del repertorio lo que más me gusta son los pasodobles. Solo tiene tres, pero Alonso Ortega, como carnavalero de pro, en este palo lo borda. Uno de ello es dándole las gracias a los padres por transmitir el amor por los carnavales a los hijos. El piropo a Benalup-Casas Viejas es una obra de arte. Se basa en las golosinas que tanto le gustan a los niños. El chocolate de los amaneceres, el azúcar totá para la iglesia, las “casitas de nata” o “una torre musulmana de menta y limón” para rematarlo con “venga… y veras como su gente le endulzara el paladar”. El que más me gusta de todos es un alegato contra el racismo y a favor de la amistad. El carnaval es gracias, es crítica, es doble sentido… pero también son valores y este es un monumento a ellos.



El tercer fundamento en el que me baso para otorgarle mi particular diploma al pelotazo del año a esta chirigota es el resultado final. Siempre digo que las palabras conmueven, pero los ejemplos arrastran. El sábado los vi actuar en la Posada de Casas Viejas. Con ellos salieron algunos padres y carnavaleros de la comparsa El truhan. Lo vi clarísimo, el carbonero tenía razón, era la sorpresa del año. Allí había niños, niñas, gentes de los tres centros educativos, de distintos pueblo, padres, hijos, abuelos (y respectivas). Todo el mundo juntos y todo el mundo revuelto. Cantando carnaval, derrochando alegría, valores, humor, crítica… Pero sobre todo, estaban juntos el carnaval de toda la vida, el de pueblo pueblo y la cantera (otro de los grandes valores de la agrupación). Las palabras conmueven, los ejemplos arrastran.  Para muchos de estos componentes ha sido su primer carnaval, pero seguro que no será el último. En la educación, en la cantera... está la solución a todos los problemas del carnaval (y del deporte y de la vida). El que siembra viento recoge tempestades y el que siembra trigo lo puede transformar en pan. Nos van a poner moraos son las alas y las raíces del carnaval de Benalup-Casas Viejas 2017. Enhorabuena a todos.

Un verso
Tengo un amigo en el cole
Dos  versos
Y verás como su gente
te endulzará el paladar
Cinco versos
Es mi amigo, mi amigo
mi amigo...
y no tiene que ser
el color de su piel
motivo pa insultarle
Seis versos
Primer año en la fiesta
de este chiquillo
que se durmió tantas veces
a son de bombo y platillo
y en su casa se escuchaban
cuando sonaban los estribillos
Trece versos
Tenemos un gran maestro
Que nos enseña
Que nos enseña 
A cantar nuestras canciones
A escribir nuestras letras 
Pa que salgamo adelante y Que cantemos en nuestra fiesta
El es alonso alonso alonso
El que nos soporto 
Sin importar el error 
Que aveces cometemos 
Te queremos cantar con todo nuestro amor este gran pasodoble
Pero tranquilo alonso que no tienes que escribirlo porque ya de eso me encargo yo 
Va para ti esta nuestra gran copla que queremos dedicarte 
Y que todo el mundo sepa quien es nuestro profesor

Estos últimos versos forman parte de un pasodoble que le ha escrito uno de los componentes Antonio Jesús Gutiérrez Cantero a Alonso Ortega, el autor de la letra, la música y la dirección. Para que luego digan que los alumnos no son agradecidos....