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El interior de las chozas

En Casas Viejas, la choza se consolidó como vivienda desde principio del siglo XIX hasta finales del XX.  En el siglo XIX la conversión de los bienes de propios y del común por los latifundios demandó mano de obra barata. Está relación de la choza con el latifundio extensivo nos lleva a situarla  en tiempos de miseria y escasez.
La llegada en aluvión de estas masas de trabajadores hizo que la choza, como vivienda con un cierto carácter provisional, se generalizará hasta convertirla en el tipo de vivienda más habitual en la población. Con el tiempo, muchas chozas pasarían a ser casarones (techo de castañuela, paredes de piedra y barro), luego tejado de uralita y de ahí a casas. La choza es la manera más directa y primitiva de resolver el problema de la vivienda para las familias más desfavorecidas, pero era una solución en principio provisional, que muchas veces se hacía definitiva. 



En la entrada de hoy nos vamos a centrar en el interior de las chozas. La choza es la vivienda de familias con pocos recursos económicos, por lo que el mobiliario del interior está en sintonía con esta característica. En la fotografía de arriba se observa un platero, una máquina de coser, la radio, objetos fabricados con palmas (la cesta, un soplador). La mesa camilla, las sillas de anea y la cafera complementan el mobiliario. Solían haber algunos banquetes de corcho. Los colchones eran rellenado con paja o lana. Se alumbraban con luces de carburo o lámparas de aciete. Los famosos fogarines. A veces, a una botella de cerveza se le ponía una torcida y gas, llamándosele periquito. Todo era reutilizable y reciclable, pero no por cuestiones de la moda ecológica. Se lavaba la ropa en una panera de madera. La higiene personal se realizaba en el palanganero. El niño que aparece en la fotografía se llama Antonio Vera, por tanto esa choza se localizaba en el Tesorillo. 




Las camas al principio(como las que había en los moneros o en las chozas) no eran mas que cuatro palos haciendo de base  y un “colchón” de pasto, pero no de trigo, sino de cebada de avena o de sayos del maíz, que es la hoja que cubre la mazorca. Posteriormente aparecen los catres y las camas que son las que hoy en día conocemos. En ella observamos las costillas o palos que formaban la estructura de la choza. Sobre estas costillas se iban colocando las cañas que iban a servir para aguantar el pasto; las cañas verticales se les denomina “padrones” y las horizontales “latas”. Sobre estas cañas se colocaba el pasto, que se cosía con toniza y una aguja de hierro. En las chozas no había habitaciones, como mucho unas cortinas separaban unos espacios de otros. En cada cama dormían dos o tres hermanos. El suelo era de tierra y en algunas ocasiones loza de piedra.



 El material fundamental para la construcción de la choza era la castañuela; pasto que abunda en los arroyos, barrancos o en la antigua laguna de la Janda. Este pasto bien sujeto y amarrado, no dejaba pasar el agua, el frío o el calor. En la fotografía superior aparece el interior de una choza con la palangana y demás elementos necesarios para el aseo. El interior de la choza denota su construcción. Vemos los palos resistentes y largos para formar la estructura, se les llama las muletas y unos palos más pequeños para formar las dos aguas del techo; son las costillas. También se observan las cañas que se colocan  sobre las costillas que sirven de soporte para aguantar el pasto. Las cañas verticales se llaman padrones y las horizontales se llaman latas. También se puede ver el pasto que se cose con toniza y una aguja de hierro. En la última vuelta se coloca una caña encima del pasto rodeando todo el techo. 



El casarón era un tipo de vivienda más evolucionado y estable. Los muros solían ser de piedra y barro. Un casarón por dentro solía tener dos tabiques dejando tres habitaciones separadas. 



En la habitación principal solía ir la mesa donde se sentaban a comer todos los miembros de la familia, y el hornillo de carbón en el que se cocinaba. Podemos decir que hacía la función de cocina, comedor y salón. Las dos habitaciones que quedaban a los lados eran los dormitorios en los que solía haber varios catres o camas, unos baúles donde se guardaba la ropa y una cómoda en la que se metía la ropa más nueva y arreglada.



En la fotografía superior aparece un palo en el centro del casarón, a este se le denomina cumbrera, pues funciona como eje y sostén principal de la cubierta de paja. 





Todas las fotografías son de Jerome Mintz

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